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viernes, diciembre 16, 2011

Yale devuelve a Perú piezas de Machu Picchu


Crédito foto: AP

Está previsto que las piezas lleguen en 26 cajas procedentes de Nueva York hasta el aeropuerto del Cuzco, donde permanecerán hasta el jueves para luego ser llevadas al museo Machu Picchu de la Casa Concha.
Las 177 osamentas forman parte de un total de más de 40 mil objetos que extrajo el explorador estadounidense Hiram Bingham de Machu Picchu y entregó a Yale en el siglo pasado, las cuales serán devueltas progresivamente a Perú tras un acuerdo al que llegaron el Gobierno peruano y la universidad.

Éste es el segundo lote de piezas que devuelve Yale, después de que en marzo pasado la institución educativa entregara a Perú las primeras 366 piezas arqueológicas. Este segundo bloque es muy esperado por la importancia que implica para la investigación arqueológica que promueve un memorando de entendimiento entre la Universidad de Yale y el Gobierno peruano.

Habrá un tercer envío de objetos pertenecientes a Machu Picchu, que consiste en fragmentos líticos y cerámicos. Éste está previsto para diciembre de 2012.

"Es fundamental contar con estos objetos, que muestran gran parte de nuestra historia. Asimismo, a través de pruebas de ADN pueden mostrarnos las características genéticas, patológicas y anatómicas de los antiguos peruanos", subrayó Cayo García Miranda, miembro de la Comisión de Traslado y del Centro Internacional para el Estudio de Machu Picchu y la Cultura Inca.

En tanto, la arqueóloga Lucy Salazar, responsable de la adecuación del museo Machu Picchu, dijo que las osamentas corresponden a cráneos y a extremidades inferiores, entre otras piezas, pero no pertenecen a personalidades de la época incaica.n Estas personas, explicó Salazar, fueron mitimaes (gente que era sacada de sus tierras por ser rebelde y no someterse a las leyes del Tahuantinsuyo) y miembros de las etnias Chachapoyas (Amazonas), Chimú y Cañaris (Lambayeque).

El material osteológico, según indicó la especialista, también consta de algunos restos pertenecientes a la fauna del santuario de Machu Picchu, que fueron encontrados hace casi un siglo por la expedición que lideró Hiram BIngham, a quien se le atribuye el descubrimiento científico del recinto incaico.

lunes, junio 20, 2011

La Gran Caverna del Huayna Picchu

Lugar es también llamado el Templo de la Luna, aunque expertos discrepen. Estiman que espacio se edificó con fines mortuorios o religiosos


Poco visitado. Toma más de 45 minutos llegar desde la cumbre del Huayna Picchu a la Gran Caverna. Un número reducido de guías y turistas arriba a este espacio inca. (Fotos: Enrique Cúneo)


FERNANDO GONZÁLEZ OLAECHEA
En Machu Picchu se yergue un lugar poco conocido por los turistas y por ello poco visitado. Aquellos que sí saben de su existencia, sin embargo, llegan hasta allí con mucha expectativa. Es llamado por algunos como el Templo de la Luna. Los expertos, no obstante, consideran que el término no es el adecuado y lo denominan la Gran Caverna.


Entre ellos se cuentan al antropólogo y jefe del Parque Arqueológico de Machu Picchu, Fernando Astete, y a los arqueólogos Julinho Zapata y Alfredo Mormontoy. Los tres sostienen que no existe evidencia arqueológica para sugerir que aquel lugar haya sido un templo dedicado a la luna. Debido a ello se refieren a este como la Gran Caverna. El nombre se lo puso el investigador estadounidense Hiram Bingham, quien llegó al sitio a principios del siglo XX.


Mormontoy explica que la luna sale por el este y la Gran Caverna está orientada hacia el oeste. “Solo un mínimo de luz de luna entra al lugar, pero ya en la madrugada, casi al amanecer. Es difícil afirmar que fuera para la luna”, dice.


Llegar allí no es sencillo. Para ello se tiene primero que subir al Huayna Picchu. Es en el descenso de la cumbre que uno encuentra dos letreros que indican rumbos diferentes. Uno tiene una flecha y dice: Machu Picchu. El otro marca la dirección opuesta: la Gran Caverna. El camino es un descenso no tan cómodo. El regreso a la ciudadela inca puede tomar unas dos horas.


¿ESPACIO SEPULCRAL?
La Gran Caverna muestra en la entrada una roca ovalada y grande que está tallada como si fuera un asiento. Desde ahí se ve la cadena de montañas verdes y tupidas que se alzan en la zona. Quedarse sentado ahí por horas, contemplando, no requiere mayor esfuerzo.


Hay también piedras talladas en el piso, como desperdigadas. No hace falta que el geólogo Gilber Carpio diga que el lugar quedó a medio construir para notarlo. Sobre la pared derecha se ven estructuras asimiladas a la misma roca. Hacia el fondo, donde ya casi no hay luz, hay otras piezas talladas en la roca.


¿Qué era este lugar? Aunque no hay mayores estudios al respecto, todo apunta a que sería un espacio sepulcral, según dicen Astete y Mormontoy. Este último agrega: “Probablemente ese haya sido el mausoleo de un funcionario importante de la zona o un sacerdote, por la arquitectura bien lograda. El asiento que hay ahí es importante porque se divisan las montañas”.


Zapata sí considera que era un lugar sagrado, pero no se aventura a definirlo como los anteriores. “Es otra huaca. Machu Picchu, al igual que la ciudad del Cusco, era un centro religioso y contaba con una serie de huacas. Falta consignar investigación científica para identificar qué representaba, qué ofrendas había, qué relaciones astronómicas existían. Hay que definir la razón de ser de ese lugar”.


Tanya da Silva, una estudiante canadiense de origen ceilanés, llegó a la Gran Caverna por su propia cuenta. Así arriban quienes se aventuran por ese camino solos. A excepción de algún guía creativo, los circuitos no comprenden esta parte del parque. Tanya permaneció ahí poco más de una hora. El lugar, diría después, le pareció asombroso.



EN PUNTOS
Las piedras que se utilizaron en algunas de las estructuras de la Gran Caverna son de granito. El geólogo Gilber Carpio indica que un metro cúbico de esa piedra pesa cerca de cuatro toneladas.
No se tiene claro cómo empezó a llamársele Templo de la Luna a la Gran Caverna. Dicen algunos que, aparentemente, hace más de 70 años el dueño de un hotel lo habría denominado así para hacerlo más atractivo.


El arqueólogo Julinho Zapata cree que no existe relación entre la construcción del espacio y la luna. “Muchos nombres en Machu Picchu no tienen mayor sentido”, manifiesta.


Las dimensiones aproximadas de la Gran Caverna son: 7 m de ancho, 12 m de largo y 2,5 m de alto.